Free Web Hosting by Netfirms
Web Hosting by Netfirms | Free Domain Names by Netfirms


 

 

BACINILLA BIODEGRADABLE

Se fabrica usando 120 g de papel de diario y guías telefónicas. Es más higiénico y económico que las chatas convencionales. Tiene el respaldo del INTI y está patentado en los Estados Unidos. Resiste líquidos a 40° entre seis y ocho horas.

 El papel de las guías telefónicas y los diarios puede, a partir de este momento, encontrar un mejor destino en la atención de las personas que están inmovilizadas. Con sólo 120 gramos del matutino que está entre sus manos, por ejemplo, un inventor desarrolló un prototipo descartable de un bacín o chata.
Con el respaldo del Centro de Investigación de Celulosa y Papel (Cicelpa), del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), Mario Toia pudo, a los 66 años, concretar una idea que nació hace ocho: crear un sistema más higiénico y económico para manejar desechos humanos en hogares y hospitales. Su precio es de $ 0,20 y la oficina de patentes de los Estados Unidos reconoció la originalidad del invento.
El prototipo, que soporta el peso de una persona de más de cien kilos, es más compacto que las chatas conocidas y fue fabricado artesanalmente en el laboratorio del Cicelpa con pulpa de papel moldeada, un material más sólido que el cartón que se usa, por ejemplo, para las cajas de huevos. La resistencia y la permeabilidad del papel repulpado se mejoró con almidón, parafina y resina de pino, además de una malla metálica a la que se adhiere la mezcla y es el alma del bacín.
"La pulpa moldeada es un material muy poco difundido y sobre el que en la Argentina nadie me quería dar información -relató el inventor-. Mi idea era usar cartón y recorrí mucho hasta que un ingeniero de 80 años me explicó qué es la pulpa. Mientras tomábamos un café en su oficina, me dijo: "Siga adelante que su idea es una locura"."
Esa reunión fue decisiva para Toia, que al golpear la puerta del INTI se sorprendió: "Su idea es brillante -le dijo en ese momento el ingeniero Marcelo Novaresi, asesor en desarrollo e investigación del proyecto y titular de la Unidad Técnica, Análisis y Estudios Especiales del Cicelpa-. No existe en ninguna parte del mundo".
Se puso en marcha así un proyecto que nació de la experiencia. "Había tenido que cuidar a mi madre y a mis suegros, y tuve que hacer cosas desagradables -dijo Toia, inventor por vocación-. Mientras viajaba en el colectivo 93 pensé en una solución."

Descartable y biodegradable

El grupo de trabajo perfeccionó el "sistema descartable" de los hospitales estadounidenses, donde cada paciente que se interna recibe un recipiente de polietileno que debe llevarse con el alta. "Ni el agua a presión ni el calor lo limpian o lo desinfectan ciento por ciento", señaló el arquitecto Gustavo Pinus, socio en el desarrollo.
El lavado manual, que se usa en nuestro país, consiste en que una enfermera o un familiar del paciente vacíen y laven el bacín o el orinal (papagayo). "En la Argentina, la asepsia no existe", dijo Toia. El prototipo, que es descartable y biodegradable, puede desecharse como un pañal. Si la demanda de destrucción es mayor, como en los hospitales, se usa una máquina que elimina los desechos en entre 10 y 15 segundos y es parte del sistema patentado (bedpansafe@hotmail.com.ar).
Conectado a la red cloacal, el dispositivo mecánico, del tamaño de un lavarropas, tritura la chata y su contenido y licua todo con piojicidas, que esterilizan los restos.
"Uno de los problemas para eliminar las chatas, en especial aquellas contaminadas con el virus del sida, por ejemplo, es que son de hierro o de plástico -dijo Novaresi-. Las primeras son muy difíciles de fundir; las de plástico generan vapores tóxicos y es costoso reciclarlas. Esta chata de pulpa, en cambio, es básicamente papel: lo único que puede producir son los gases naturales de la quema de una madera."
Las pruebas de resistencia realizadas en laboratorio demostraron que el bacín de pulpa moldeada resiste entre seis y ocho horas líquidos a 40 grados. En el ensayo de destrucción con la máquina trituradora se usaron diez litros de agua, mientras que el lavado de una chata de plástico consume unos treinta. El ahorro, según Toia, incluyó el consumo eléctrico: se usan 0,0083 kilovatios por destrucción.
La primera matriz utilizada para el prototipo en 1999 fue de metal. La segunda, mejorada, fue de madera, a propuesta del arquitecto Pinus, y el ingeniero Novaresi la barnizó durante horas para impermeabilizarla. "El prototipo -se jactó Novaresi- es 90% cercano al de producción industrial, pero tiene la resistencia y la permeabilidad que se propone el proyecto." (La Nación)

www.ciencia-tecnologia.com.ar