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GUSTAVO LABALA

Labala nació el 28 de octubre de 1955, en Lanús, provincia de Buenos Aires. Varios hechos hacen sospechar que de haberlo hecho en un país del primer mundo hoy sería famoso y rico.

El primero se manifestó en 1967, cuando a los 12 años, Gustavo diseñó y armó su primer automóvil con fierros viejos y salió a manejarlo.
A los 16 años Labala ya era un preparador respetado de autos de carrera en la categoría más dura de los años 70, el llamado turismo nacional, en la que ganaba buen dinero.    Luego de correr varias veces decidió que no había desafío técnico suficiente en el automovilismo, se hizo piloto aeronáutico e inmediatamente empezó a tratar de mejorar los motores existentes con su innata intuición para la mecánica.
Labala concentró su curiosidad en las turbinas. “Como no era ingeniero –reconoce el ingeniero nuclear Pablo Florido, del CAB-, no leía los manuales, y por lo tanto no sabía que, según los libros, es literalmente imposible hacer una turbina que pese menos de trescientos o doscientos kilogramos. Y por lo tanto, la hizo. Le tomó quince años, pero la hizo.”
Como hombre práctico, lo primero que le buscó Labala a su aparato fueron aplicaciones no aeronáuticas. Una es la producción de electricidad de tres megavatios de potencia (suficiente para iluminar 300 casas).
Diseñada para zonas rurales aisladas, esta turbina da un doble servicio: electricidad por la bornera del generador y, por la tobera de escape, calor para secado de granos de los agricultores de la zona.

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