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El éxito y la confiabilidad de la plataforma argentina
SAC, probada por el C, puede medirse por un hecho: la NASA piensa poner a
bordo de la próxima de la serie, o SAC-D: un instrumento de 175 millones de
dólares (el radar de apertura sintética o SAR Aquarius).
Este sensor de baja resolución puede estudiar enormes regiones de superficie
marina, y mapear sus variaciones de salinidad. Tal será el principal
detector del futuro SAC-D, aparato de al menos una tonelada de peso. Pero
los Estados Unidos y la Argentina emplearán esta información con fines
probablemente distintos.
En los Estados Unidos, los mapas de salinidad superficial de los océanos se
usarán seguramente para una comprensión más amplia del funcionamiento de la
maquinaria del clima mundial. Para la NASA, Aquarius es un instrumento de
ciencia básica, de utilidad fundamental para mejores modelos
del clima global.
Para la Argentina, en cambio, es un instrumento totalmente práctico y
productivo: la salinidad en el Mar Argentino da buenos indicios de la
ubicación de las especies de valor pesquero. Pero además, el radar Aquarius
puede penetrar hasta algunos metros de profundidad en el suelo y detectar
agua bajo el mismo, lo que podría servir para el mapeo y monitoreo de napas
freáticas y acuíferos en todo el territorio nacional. Y en un orden todavía
más práctico, el Aquarius puede medir la humedad almacenada en suelos de
producción, y así permitir una predicción de cosechas de gran precisión.
Pero además el SAC-D albergará cámaras u otros instrumentos de utilidad
también muy inmediata para la economía Argentina: ya se ha establecido que a
bordo habrá una cámara sensible a cuatro bandas del infrarrojo, capaz de
medir temperaturas en el suelo y dar –entre otros servicios- mapas
predictivos sobre riesgo de incendio. |